

Fotografía: Ítalo Marenco | Cortesía./Antes de la pandemia
Publicado: marzo 28, 2025
La despedida de una amistad sincera quedó registrada en un audio que hoy conmueve a miles de personas. Ítalo Marenco, presentador de Repretel y figura del programa Giros, compartió uno de los últimos mensajes de voz que recibió de su entrañable amiga Janeth Pérez, conocida por todos como “la Trafiquina”, quien falleció este jueves en un hospital de León, Nicaragua.
El mensaje, lleno de ternura, fue una muestra del profundo cariño que ella sentía por el comunicador costarricense. En la nota de voz, Trafiquina no solo agradeció los buenos momentos vividos, sino que se despidió con palabras que hoy cobran un significado especial.
“Gracias Ítalo. Que Dios te bendiga y te guarde y te cuide mucho. Gracias por los momentos que hemos estado haciendo videítos, diciendo alegres: ‘la bendición, la bendición’. Gracias Ítalo, te quiero mucho, te quiero como un hijo y que Diosito me lo cuide y no me le falte nada en ningún lado”, expresó la querida nicaragüense, dejando claro que su afecto era sincero y profundo.
En otro fragmento del mensaje, doña Janeth insistió con una dulzura que ha tocado los corazones de quienes la conocían:
“Te quiero Ítalo. No se olvide de su amiga. Te amo mucho. Dios te bendiga y te guarde. Muchas bendiciones. Bastantes bendiciones”.
La amistad entre Ítalo y Trafiquina era muy especial. Él la sorprendía en varias ocasiones con pequeños gestos, como cuando le llevó un pastel para celebrar su cumpleaños. Más que compañera de redes o colaboradora en videos virales, Trafiquina se convirtió en una figura entrañable para él y para el público.
Incluso, con su estilo espontáneo y simpático, no perdió la oportunidad de pedirle un favor a su “hijito tico”:
“Me manda zapatitos cuando podás, oíste, de Costa Rica para acá, allá se puede”.
Trafiquina partió, pero sus palabras siguen vivas en la memoria de quienes la conocieron. Su voz, su alegría y su calidez quedarán grabadas no solo en el corazón de Ítalo Marenco, sino también en el de muchos costarricenses y nicaragüenses que aprendieron a quererla.