Las cifras son alarmantes: 45 países -que concentran casi el 40 % de la población mundial- experimentan un declive sostenido y significativo de sus instituciones, normas y prácticas democráticas. Esta cifra viene aumentando de forma constante en los últimos años. En 2024 eran 42 países y en 2021 apenas 25.
Mientras tanto, potencias autocráticas como China y Rusia amplían su influencia geopolítica, contribuyendo a un orden internacional cada vez más refractario a los principios liberales. Este deterioro democrático global se agrava aún más con la decisión de la nueva administración estadounidense de cerrar la USAID y recortar drásticamente los fondos destinados a proyectos internacionales de fortalecimiento democrático.
El auge global de las autocracias
De acuerdo con el Informe V-Dem de 2025, por primera vez en más de dos décadas, el número de autocracias (91) en el mundo supera al de las democracias (88). La magnitud de este cambio es aún más impactante cuando se traduce en cifras poblacionales: un 72% de la población mundial, es decir, casi tres de cada cuatro personas, viven actualmente bajo regímenes autocráticos, ya sean electorales o cerrados. Este es el mayor nivel de concentración poblacional bajo regímenes autoritarios desde 1978.
Otro dato preocupante del V-Dem 2025 es que los países no democráticos generan una proporción creciente de la riqueza mundial, alcanzando niveles inéditos en más de 50 años. Esta tendencia, ya señalada en el Informe V-Dem 2023, refleja el ascenso económico y político de las autocracias globales. Si al final de la Guerra Fría (1989) las democracias producían más del 75% del PIB mundial, para 2022 las autocracias ya representaban casi la mitad (46%).
Esta concentración de poder económico en manos de regímenes autoritarios fortalece su capacidad para influir y socavar de forma sistemática las normas democráticas y valores liberales en instituciones internacionales, redes comerciales y en sus entornos geoestratégicos. En palabras del informe V-Dem 2025: “En síntesis, países de mayor tamaño, población y peso económico son responsables en gran medida de la autocratización global. Muchos de ellos ejercen su influencia sobre naciones vecinas, en organizaciones internacionales, en iniciativas de cooperación multilateral, así como en el comercio y las inversiones, entre otros ámbitos.”
Un mundo más seguro para las autocracias
Los hallazgos del V-Dem 2025 corroboran las preocupaciones estratégicas que investigadores destacados vienen expresando desde hace varios años sobre los esfuerzos de potencias como China y Rusia para crear un ecosistema internacional donde el autoritarismo no solo sea tolerado, sino protegido y legitimado. Esto reduce el aislamiento político que suele acompañar a las dictaduras y dificulta la presión externa sobre ellas.
Michael Beckley y Hal Brands, reconocidos académicos en relaciones internacionales, sostienen en su artículo “China’s Threat to Global Democracy” (2023) que la dirigencia del Partido Comunista Chino está decidida a hacer del mundo un lugar más seguro para las autocracias Esta convicción surge de la percepción de que el orden liberal internacional representa una amenaza existencial para su sistema político, cuya supervivencia depende de neutralizar la influencia democrática tanto en sus fronteras como más allá.
Argumentan estos investigadores que China ha pasado de una estrategia de mera “resistencia” a una política activa de prevención de la democracia en el exterior. Esto se ha traducido en: respaldo financiero y tecnológico a regímenes autoritarios; exportación de sistemas de vigilancia digital y censura masiva; defensa de regímenes autoritarios en organismos internacionales y bloqueo de sanciones o condenas (como en el caso de Bielorrusia o Venezuela).
El retroceso de la promoción internacional de la democracia
La creciente influencia de las potencias autocráticas se ve ahora agravada por un factor igualmente preocupante: la notable disminución del apoyo internacional de Estados Unidos a la promoción de la democracia. Esta tendencia se refleja claramente en el reciente cierre de la USAID y en los severos recortes a programas estadounidenses destinados a fortalecer la democracia en diversas regiones. Este retroceso debilita las defensas democráticas de numerosos países ante las ambiciones de poder de gobernantes con inclinaciones autoritarias.
El Informe V-Dem 2025 identifica las tres armas preferidas por los gobernantes de esta tercera ola autocrática para desmantelar gradualmente y de forma sistemática la democracia: la censura gubernamental de los medios de comunicación, el deterioro de la libertad e imparcialidad de los procesos electorales, y la represión sistemática de las organizaciones de la sociedad civil (OSC).
Los programas de promoción democrática están diseñados precisamente para contrarrestar este tipo de estrategias autoritarias. El apoyo a medios independientes fortalece la resistencia frente a la censura al garantizar pluralidad informativa. La asistencia técnica y financiera a organismos electorales refuerza la integridad de las elecciones mediante el desarrollo de capacidades institucionales para procesos transparentes. Asimismo, el respaldo a organizaciones de la sociedad civil -incluyendo financiamiento para defensores de derechos humanos, iniciativas de educación cívica y esfuerzos anticorrupción- mitiga los efectos de la represión estatal, permitiéndoles cumplir su rol como guardianes de los valores democráticos.
Estos programas son esenciales, no sólo para capacitar a actores democráticos internos -como medios, movimientos cívicos y partidos-, sino también para dotarlos de herramientas que les permitan identificar a tiempo las maniobras autoritarias del gobierno y responder con rapidez para contrarrestarlas. Esta “detección temprana” resulta decisiva, ya que propicia la activación de mecanismos de control y fortalece a la oposición interna antes de que la autocratización se consolide, tal como destaca la investigación reciente “Democracy in Trouble: Democratic Resilience and Breakdown from 1900 to 2022” (2024).
En suma, el panorama que traza el Informe V-Dem 2025 es muy preocupante. La democracia global enfrenta su peor retroceso en décadas, mientras las autocracias consolidan un poder económico, político y poblacional sin precedentes, amenazando con normalizar el autoritarismo como una forma legítima de gobierno en el mundo. Frente a esta erosión democrática mundial, actores clave como la Unión Europea y sus Estados miembros deben adoptar un liderazgo más firme y decidido en la promoción y defensa de la democracia a escala global.